domingo, 9 de septiembre de 2007

Vuelta al Japón

¡Bien! Hoy por fin hemos salido de Tokio. Ayer terminamos de ver todo lo que queríamos ver. La verdad es que Tokio nos agobia sobremanera así que una vez visto lo imprescindible, decidimos salir otra vez al Japón que más nos gusta. Esta mañana hemos vuelto a levantarnos temprano para hacer una excursión a Kamakura. Un viaje en tren de una hora y ya estábamos otra vez rodeados de montañas y mucho verde. Como estamos hartos de andar (ayer nos hicimos unos 4 km a pie hasta la bahía de Tokio atravesando el Rainbow Bridge para conocer el Pacífico, a lo que además hay que sumar lo andado previamente por otros puntos de la ciudad, casi nada) hemos alquilado una bicicleta para recorrer todos los templitos del pueblo. Como es domingo estaba todo lleno otra vez de japoneses haciendo turismo, lo que significa que allí estaban todos fotografiando todo con sus cámaras, móviles y videocámaras último modelo. Pero desde luego, nada que ver con la experiencia en Kioto del pasado sábado, esta vez bastante más relajado. Pero no creáis que eso de ir en bicicleta ha sido maravilloso, el pueblo está en la montaña y en más de una ocasión nos ha tocado bajar de la bici y cargar con ella por las pendientes para ver los lugares extraordinarios que nos esperaban. Hemos visto unos templos y santuarios bastantes bonitos, no sólo por ellos mismos en sí sino por el paraje que los rodeaba. El calor ha vuelto a apretar hacia el mediodía y la verdad que entre la bicicleta y las escaleras para llegar a los templos hemos sudado una barbaridad. Podemos decir que no ha habido un sólo día en el que nos hayamos estado pegajosos. Una de las cosas por las que quiero llegar a Madrid es para volver a sentir el clima seco de la meseta. Estoy harta de estar siempre mojada. Lo más característico y sorprendente de Kamakura es su buda gigante, al estilo del que hay en Nara pero algo más pequeño, con la particularidad de que éste está al aire libre porque hace quinientos años un tsunami arrasó el templo donde se encontraba. La verdad es que la ola debió ser grande porque el lugar está alejado del mar y cuesta arriba. Además del tsunami, el "pequeño" buda soportó un gran terremoto en 1920, pero ahí está el tío tan tranquilo, venciendo a los elementos, como sin con él no fuera la cosa. De todas estas catástrofes el buda ha salido indemne, sólo el terremoto estropeó un poco la base donde se sustenta, pero a él no le pasó nada de nada. Si es que da gusto verlo. Como recuerdo del lugar me he comprado un souvenir muy japonés: un budita sosteniendo a Hello Kitty, todo un ícono en Niponia.

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