Haciéndose de rogar el bribón nos tuvo en vilo todo el viaje de Kioto a Odawara, no quería aparecer pero al final asomó la colita, nos dejó fotografiar su hermosa cresta coronada por una boina de niebla, que posteriormente disfrutaríamos durante largas horas.
No nos costó llegar a nuestro destino en Hakone, una perfecta conjunción entre la "jungla" y el turismo rural, teníamos reservado un ryokan (hotelillo característico del japón y si me apuráis de la zona).
Jordi ha empezado a escribir esto pero se ha atascado y no le da más de sí la cabeza, al pobre. Lo que quería decir es que hemos estado muy bien en ese sitio. Nuestra habitación se llamaba Kioto y tenía suelos de tatami y un futón. Las ventanas no tenían cortinas pero estaban cubiertas del típico papel blanco que se utiliza en los templos. Además teníamos dos ventanales desde donde sólo se veía el campo (lástima que desde ayer está lloviendo como nunca habíamos visto y sólo se veía la niebla). Pero lo mejor de todo eran los onsen privados que había, uno en el exterior con jardín zen incluido y otro interior, los dos súper agradables. Y así por fin llegó el relax a nuestras vidas. Sólo que ha durado poco... hoy ya estamos en Tokio y todo es muy diferente. Mañana más.

1 comentario:
hola!!! no se si ya he dejado el comentario o no.... pero preguntaba si ya estais cansado de tanta aventura jejejeje, lo dudo. tomar nota de todo que yo quiero ir !!! un besazo Jon y Amparo
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