
Por fin estamos en tierras niponas, por cierto, tan verdes y frondosas que realmente impresiona. Parece que la vegetación eclosiona con fuerza, salvaje, se multipica y se lo come todo, aunque en realidad está bastante contenida por la mano del hombre. Las primeras impresiones es que esto es realmente un caos para el pobre extranjero que llega sin tener ni ideas de japonés. Hay que tomárselo con calma, aunque cuesta. En Tokyo Station he tenido mi primer momento de estrés cuando hemos salido del área del tren al vestíbulo prncipal donde se juntan todas las líneas de metro que la conectan. Miles de personas de ojos rasgados saliendo de todas partes, los carteles de información en japo e inglés (el japonés prevalece tanto visualmente que el otro ni lo ves), olores extraños y desconocidos y el tren que salía para Kioto en diez minutos y allí no había manera de encontrar el andén... ¡Y eso que no era hora punta! Finalmente tras dar muchas vueltas hemos encontrado todo y hemos llegado a Kioto. Hace un calor de muerte, sobre todo por la humedad, así que nada más llegar al hotel a ducharse, a cambiarse y a ver mundo, más hechos polvo que polvo, pero a eso hemos venido. Nos acompañaba un hambre canina, así que hemos vuleto a la estación de Kioto a buscar un sitio donde comer, y hemos encontrado cosas realmente interesantes. En la planta n.º 10 de la estación de Kioto hay toda una parte de la plante dedicada a los
ramen (noodles con caldo, verdura y carne cocida, el plato que más cunde por ser barato, contundente y variado). Es genial, eliges uno de los restaurantes (difícil porque son todos iguales) y en la puerta tienes una especie de
máquina espendedora donde tienes distintos botones con el dibujo de los platos y el precio. Si tienes dudas, te acercas al
escaparete donde tienen expuestos menús de plástico para que veas que ofrecen. Echas las monedas, eliges el plato de
ramen que te gusta, te da cambio y un ticket que le tienes que dar a la chica de la puerta. Te acompañan a una mesa y al poco tiempo te sirven un buen plato de
ramen. Eso sí en todo momento se acercan, te dicen algo en japonés que no entiendes y te dan algo, te llenan el vaso de té, etc... En realidad eso es lo que más me sorprende, te hablan en japonés en todo momento, eso sí acompañado de lenguaje corporal o de señales para que al menos sepas de que va lo que te están contando. En la foto que he querido destacar aparecen unos vasos que no sé qué será pero está claro que dicen: "ko ma me ya". Y así haremos .
1 comentario:
Pobrecitooooooos míííííos, ahí luchando con las adversidades; tengo que decir que me he descojonado imaginándome la escena: Jordi y Gema en plena estación rodeados de veloces "nipones voladores" ;) Seguid escribiendo, estoy enganchado a vuestro blog!!
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